El New York Times dice que la crisis de lectura está exagerada. Yo tengo un salón de clase que dice lo contrario.
David Wallace-Wells publicó en el NYT un análisis que cuestiona el pánico sobre el fin de la lectura. Sus datos son reales y su escepticismo es válido — para el contexto estadounidense. Desde Colombia, y desde un aula, el paisaje es completamente distinto.
El 16 de julio de 2026, David Wallace-Wells publicó en el New York Times un ensayo de opinión que desafió el relato dominante sobre la lectura. El título fue provocador: "¿Así es como luce una era posalfabetizada?" Y su argumento fue aún más provocador que el título: quizás no.
Wallace-Wells revisó los datos del Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos y encontró algo que contradice la narrativa del apocalipsis lector: los jóvenes de entre 15 y 24 años leen más minutos al día que hace veinte años. En 2003 leían 8.4 minutos diarios; en 2022, 11.7 minutos. Quienes más han recortado su tiempo de lectura, sostiene el análisis, son los mayores de 65 años — los abuelos, no los nietos. Las ventas de libros están cerca de récords históricos. Las librerías independientes crecieron un 70% desde 2020.
Su conclusión: el pánico sobre el fin de la lectura puede ser otra narrativa de declive que no resiste el escrutinio de los datos.
Yo leí ese análisis con interés y con una mezcla extraña de reconocimiento y distancia. Reconocimiento porque el escepticismo ante el pánico fácil me parece metodológicamente honesto. Distancia porque los datos de Wallace-Wells no describen el aula en la que trabajo.
Los números que Wallace-Wells usa — y los que no tiene
El análisis del Bureau of Labor Statistics es riguroso. Mide tiempo de lectura declarado por estadounidenses mayores de 15 años. Y sus hallazgos son lo que son: los adultos jóvenes en Estados Unidos reportan leer un poco más que hace dos décadas.
Pero detengámonos en el número concreto. Los jóvenes de 15 a 24 años en Estados Unidos leen, en promedio, 11.7 minutos al día. Once minutos con cuarenta y dos segundos. Eso equivale, en ritmo de lectura promedio de un adolescente, a entre tres y cuatro páginas al día.
Wallace-Wells no presenta ese número como una alarma. Yo sí.
Un estudiante que lee cuatro páginas al día no desarrolla la capacidad de sostener la atención en un argumento largo. No construye el vocabulario que requiere la comprensión de textos complejos. No entrena el cerebro para la lectura profunda que distingue a quienes pueden aprender de quienes solo pueden consumir. Once minutos al día puede ser un avance estadístico frente a los ocho de 2003, pero sigue siendo una cantidad insuficiente para construir un lector competente.
El concesión que lo cambia todo
Al final de su ensayo, Wallace-Wells hace una concesión que me parece la frase más importante de todo el texto: "La comprensión lectora sí está cayendo."
Lo dice de pasada, casi como nota al pie de su argumento central. Pero es la admisión que desarma la tranquilidad que el ensayo quiere transmitir. Porque si el tiempo de lectura declarado se mantiene o crece ligeramente, y al mismo tiempo la comprensión lectora cae, eso no significa que el pánico estaba equivocado. Significa que el problema es más profundo de lo que los datos de tiempo pueden medir.
Se puede pasar más tiempo con un libro abierto y comprender menos. Se puede declarar en una encuesta que "leyó" cuando en realidad se desplazó la vista por las palabras sin construir significado. La cantidad de minutos no es la lectura. La comprensión es la lectura.
Lo que los datos de Wallace-Wells no pueden medir desde Colombia
El análisis del Bureau of Labor Statistics es una encuesta de adultos estadounidenses mayores de 15 años en un país con 330 millones de habitantes, infraestructura bibliotecaria extensa, acceso generalizado a libros y décadas de tradición de encuestas de uso del tiempo. Sus datos son lo que son dentro de ese contexto.
Colombia no tiene una encuesta equivalente. El Ministerio de Educación Nacional no mide cuántos minutos al día leen sus estudiantes. No hay un dato nacional comparable. Lo que sí hay, documentado con tres investigaciones independientes de 2026, es que el 48% de los niños colombianos termina la primaria sin poder comprender textos simples. Eso no es tiempo de lectura declarado. Son pruebas de comprensión reales con resultados concretos.
Y lo que yo veo en mi aula no es un problema de minutos. Es un problema de tipo de lectura. Los estudiantes que llegan hoy han pasado miles de horas consumiendo contenido digital — videos cortos, memes, capturas de pantalla, historias de 15 segundos. Esa exposición no es lectura en el sentido cognitivo que los lineamientos del MEN de 1998 describen. Es consumo de imágenes con texto mínimo. Y ese consumo no construye el circuito neurológico que permite leer un párrafo largo con comprensión sostenida.
El escéptico tiene razón en el contexto equivocado
Wallace-Wells escribe desde un contexto de abundancia relativa: un país donde la discusión sobre lectura ya existe, donde hay recursos para hacer reformas aunque fallen, donde los datos se miden y se publican aunque sean incómodos. Su escepticismo ante el pánico es metodológicamente válido en ese contexto.
Pero su tranquilidad no viaja a Colombia.
En Colombia no tenemos el debate que tiene Estados Unidos. No tenemos los datos que permiten el escepticismo de Wallace-Wells. Nueva York tiene un programa de reforma lectora activo que cayó seis puntos en 2026 — y eso es noticia, se analiza, se investiga. En Colombia, los lineamientos de Lengua Castellana llevan 28 años sin actualizarse y eso no es noticia para nadie.
Que el apocalipsis lector no haya llegado a Estados Unidos no significa que no haya llegado aquí. Significa que ellos tienen mejores instrumentos para detectarlo y más recursos para enfrentarlo si llega.
Yo no necesito una encuesta del Bureau of Labor Statistics para saber lo que pasa en mi salón. Lo veo todos los días. Y lo que veo no se parece al escepticismo razonado de un columnista del New York Times. Se parece más al 48%.
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Este artículo fue desarrollado con asistencia de inteligencia artificial (Claude (Anthropic)) para investigación y redacción. El contenido ha sido revisado y verificado por el autor.
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