El uso de chatbots para tareas escolares se cuadruplicó en tres años en Estados Unidos. El MEN no ha dicho una palabra al respecto.
En 2023, el 13% de los adolescentes estadounidenses usaban ChatGPT para hacer tareas. Hoy son el 54%. Y el 60% de ellos dice que la trampa académica con IA ya es una característica habitual de la vida estudiantil. En Colombia, el MEN guarda silencio.
Imagen: BlogGDSAS
En 2023, el 13% de los adolescentes estadounidenses usaban ChatGPT para hacer sus tareas escolares. En 2024 esa cifra había subido al 26%. En 2026, según el Pew Research Center, el 54% de los jóvenes entre 13 y 17 años ya utiliza algún chatbot de inteligencia artificial para su trabajo escolar. En tres años, el uso se cuadruplicó.
No es una tendencia. Es una transformación estructural de la forma en que los estudiantes se relacionan con el aprendizaje. Y Colombia no tiene una sola política educativa vigente que mencione este fenómeno.
Lo que reveló el estudio del Pew Research Center
El reporte de Pew, publicado en febrero de 2026 y basado en una encuesta a 1.458 adolescentes y sus familias, describe con precisión qué están haciendo los jóvenes con la IA:
Casi la mitad la usa para investigar temas escolares. Más del 40% la utiliza para resolver problemas de matemáticas. Más de un tercio la usa para editar su propio texto escrito. Un 10% afirma usarla para todo o casi todo su trabajo escolar. Y el 42% la usa para resumir contenidos.
Pero el dato más revelador del estudio no está en el uso sino en la percepción: el 60% de los adolescentes encuestados afirmó que en su colegio los estudiantes usan chatbots para hacer trampa "muy seguido" o "bastante seguido". La propia investigación de Pew concluye que los jóvenes consideran que "la trampa con inteligencia artificial se ha convertido en una característica habitual de la vida estudiantil."
No es un rumor de pasillo. Es un dato estadístico verificado por uno de los centros de investigación no partidista más respetados del mundo.
La trampa visible y el riesgo invisible
El debate público suele quedarse en la trampa académica. En si el estudiante copió el ensayo o si el chatbot hizo la tarea. Ese es el problema más obvio y, posiblemente, el menos profundo.
El estudio de Cambridge University Press y Microsoft Research, citado en el mismo reportaje, apunta a algo más serio: los estudiantes que tomaron notas sin usar chatbot mostraron mejor comprensión lectora que los que usaron chatbot para entender los textos. Es decir, la herramienta que supuestamente facilita el aprendizaje puede estar obstaculizando la comprensión real cuando se usa sin criterio.
Un estudiante que usa un chatbot para resumir un texto puede producir un resumen impecable sin haber construido ninguna representación mental del contenido. Puede parecer que leyó sin haber leído. Puede parecer que comprendió sin haber comprendido. Esa diferencia —entre parecer y ser— es exactamente el terreno donde los lineamientos curriculares del MEN no tienen herramientas de evaluación.
El crecimiento que nadie puede ignorar
La velocidad de adopción es lo que hace que este fenómeno no admita espera. No estamos hablando de una tecnología emergente que "hay que seguir de cerca". Estamos hablando de un cambio que ya ocurrió: en tres años, el uso de chatbots para tareas escolares pasó de ser marginal (13%) a ser mayoritario (54%) entre los adolescentes de uno de los países más monitoreados del mundo.
Si ese ritmo de adopción se replica —y no hay razón para suponer que en Colombia vaya a ser más lento, considerando que el acceso a ChatGPT no requiere pago ni inscripción— entonces la pregunta no es si los estudiantes colombianos están usando IA para sus tareas. La pregunta es cuántos ya lo hacen y desde cuándo.
Nadie lo sabe. Porque nadie lo ha medido.
El silencio del MEN
El Ministerio de Educación Nacional de Colombia no ha publicado lineamiento, circular ni orientación alguna sobre el uso de inteligencia artificial en el aula. No hay política sobre uso aceptable de chatbots. No hay formación docente para identificar trabajos generados por IA. No hay marco ético para enseñarle a un estudiante cuándo la IA es una herramienta legítima y cuándo es una muleta que le quita la posibilidad de pensar.
Mientras tanto, los estudiantes colombianos tienen en su bolsillo el mismo ChatGPT que usan los adolescentes de Nueva York, Londres o Seúl. Con la diferencia de que en esos países el debate ya existe, aunque las respuestas sean todavía imperfectas.
En Colombia, el debate no ha comenzado. Y cada día que pasa sin esa conversación es un día en que los estudiantes navegan solos un terreno que sus maestros no han mapeado y que sus instituciones no reconocen.
El 54% en Estados Unidos no es un dato de otro país. Es el aviso de lo que ya está pasando en los salones de clase colombianos, en silencio y sin nombre oficial.
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